Historia del Saxofón

Una (breve) historia del Saxofón

Difícilmente hay una persona en la actualidad que no conozca un instrumento tan popular como el saxofón. Incluso, dibujos animados han sido seducidos por el sonido de este instrumento, a veces dulce y a veces un gruñido capaz de expresar la mayor tristeza. A pesar de ser uno de los instrumentos musicales más modernos y jóvenes (sobre todo si lo comparamos con la milenaria flauta y la trompeta, que ya se mencionan en textos bíblicos previos a Cristo, o con la familia del violín), su popularidad ha alcanzado niveles altísimos, y es más común encontrarlo en la música popular y el jazz que dentro de una orquesta sinfónica.

Grandes figuras de la música, como Charlie Parker, Percy Grainger, y más recientemente Paquito d’Rivera, lo han usado como el medio principal para darle rienda suelta a su imaginación, y legar obras que con el tiempo se han convertido en “maestras”. Pero ahora, conozcamos un poco su historia.

Origen

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Adolphe Sax (1814 – 1894), inventor del saxofón

El saxofón nació en la década de 1840, en París. Su nombre se debe a que su inventor fue Adolphe Sax, un fabricante de instrumentos, flautista y clarinetista de Bélgica. Mientras trabajaba en el taller de su padre, Sax empezó a desarrollar un instrumento musical que combinara la potencia de los instrumentos de metal (como el corno francés o el trombón) con la movilidad y versatilidad de un instrumento de madera (como el clarinete o la flauta). El instrumento más cercano al saxofón es el clarinete, incluso en el sistema que utiliza para generar su sonido. También usa una boquilla con lengüeta simple, hecha del mismo tipo de bambú que las del clarinete, aunque sus dimensiones son ligeramente diferentes. La digitación para las notas naturales (do-re-mi-fa-sol-la-si) se inspira, al igual que en el clarinete francés, en el sistema Boehm (más sobre el sistema Boehm aquí), en este caso con tapas para cubrir los huecos, y extensiones para alcanzar los agujeros más lejanos, permitiendo así que la postura de las manos se mantenga lo más natural posible.

Ahora bien, el clarinete tiene una naturaleza acústica más compleja, porque cuando se cambia de registro, del grave al agudo, los sonidos no son “equivalentes” (por ejemplo: la digitación que produce la nota “do” en el registro grave, se convierte en la nota “sol” en el registro agudo). Esto se debe a que el clarinete tiene un cuerpo cilíndrico, es prácticamente un tubo recto de extremo a extremo. Por su parte, Sax “solucionó” este problema haciendo el cuerpo de su “hijo” con forma cónica, un tubo que es más angosto en un extremo que en el otro, y de esta manera se logra que las notas sí sean “equivalentes” al cambiar de registro (sol = sol; la = la; etc.). Antes de inventar el saxofón, M. Sax había mejorado considerablemente el sistema del clarinete bajo, y había fabricado figles, instrumentos de metal grandes y cónicos, con llaves, que usaban boquillas similares a las del trombón moderno. Así fue como desarrolló el conocimiento necesario para inventar el saxofón. En 1846, Sax patentó el nuevo instrumento, con derechos exclusivos durante 15 años. Al vencerse la patente, los grandes fabricantes de la época ya estaban listos para añadir llaves al diseño, si se quiere rudimentario, del inventor, y así, el saxofón ha llegado hasta nuestros días como uno de los instrumentos más versátiles que existen.

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Detalle de las llaves y la posición de la mano izquierda en un saxofón.

Los saxofones han sido construidos, desde sus inicios, con latón, un metal que es una aleación de cobre y zinc, de color amarillo, que es muy suave y fácilmente trabajable, y que brilla con facilidad. A pesar de estar construido de metal, es considerado como miembro de la familia de los instrumentos de madera, por la calidad de su sonido y por el sistema de caña simple utilizado para producir el sonido, así como por la forma de cambiar de una nota a la otra. Los huecos se cubren con una almohadillas especiales, llamadas zapatillas, accionadas al presionar las “llaves de tacto”, que son pequeñas piezas de plástico o nácar que se adhieren a las tapas que sujetan las zapatillas, y que es donde el ejecutante posa sus dedos.

Uso

Aunque algunos compositores, principalmente franceses, han incluido el saxofón en la música para orquesta sinfónica (al contrario de los alemanes, que desde un principio lo despreciaron), el instrumento es especialmente popular en la música para banda sinfónica y el jazz, desde las big bands hasta solistas. Desde su aparición, las bandas militares francesas y belgas sacaron provecho del saxofón, por su portabilidad y sus ventajas sonoras, y rápidamente incorporaron un cuarteto de saxofones en su formación. Su familia permite tocar todo tipo de música, con melodías similares a la voz humana, tanto femenina como masculina, acompañamientos simples y complejos, y líneas de bajo similares a las que podrían ejecutar una sección de contrabajos o una tuba. A pesar de que la familia de este instrumento es muy amplia (con ejemplares desde el saxofón contrabajo, con una longitud de más de dos metros, hasta el saxofón sopranino, con más o menos 60 centímetros nada más), el cuarteto tradicional más utilizado consta de un saxofón soprano en si bemol, un saxofón alto en mi bemol, un saxofón tenor en si bemol y un saxofón barítono en mi bemol. Algunas veces, se sustituye el soprano por un segundo alto.

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Cuarteto de Saxofones tradicional (de izq. a der.): Soprano en si bemol, alto en mi bemol, tenor en si bemol y barítono en mi bemol) 

 

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